Pero, ¿qué es un jerbo?

Tríptico alrededor del tema literario de la muerte


Tragedia en San Blas 


Esta tarde he salido a dar una vuelta con una amiga y vecina que me ha dicho lo siguiente:

– ¿Recuerdas a Javi, de la urbanización? Sí, este chico que era tan alto, muy moreno. Del portal de al lado. Que sí que le conoces. Bajaba al patio con nosotras, de pequeñas. Sí, en serio, no sé decirte más. Es que le conoces. Ese Javi no, el otro. Que no es Javi García. Bueno, seguro que si le vieras sabrías quién te digo. Luego le buscamos en insta. Pues ha tenido un accidente con la moto aquí, al lado de casa. En el 62 de ..., búscalo. ¿Ves? Me lo han dicho mis padres, que son amigos de sus padres. Han ido al tanatorio. 40 minutos de RCP pero no han podido salvarle –. RCP es la abreviatura para reanimación cardiopulmonar, Laura es médico. – Tenía novia, y trabajo y todo. Pobres. Qué fuerte. Estas cosas pasan así.

He intentado recordar quién era. Finalmente le hemos buscado entre los seguidores de instagram de otra amiga en común: Javi Fernández. Ese es. ¿Nadie se encarga de eliminar tu instagram cuando mueres? O de añadir una última publicación: fallecido a los 26 años, querido por todos, como atestiguan los comentarios. Una lápida virtual. Al ver su cara y reconocerle he sentido que se me caía toda la atmósfera encima. Claro, es él. Tras unos segundos de conmoción, he mirado hacia el cielo como buscándole inconscientemente, como tratando de que me oiga a través de esas capas gruesas e invisibles de átomos y gases, y de mi garganta ha surgido: Era un imbécil…Pero imbécil.

Y es que era un imbécil. Que me perdone Dios. Cuando era pequeña me hizo bullying, en el colegio y en la zona común de la urbanización. Con los años se volvió muy de derechas, como muchos otros que hacían bullying en los colegios y las zonas comunes de las urbanizaciones. Pocas veces me lo he vuelto a encontrar desde que empezamos a hacernos mayores. No saludaba apenas. Para qué. 

Se lo he contado a mi padre, a mi madre, a mis amigas del instituto, a mis amigas del barrio, a mi novio, a mi amiga inmigrante. Quisiera habérselo contado a mi ex. 

Y en todo esto he mirado y remirado su instagram. He copiado el link y lo he enviado a mis amigas del barrio, a mis amigas del instituto, a mi novio, a mi amiga inmigrante y, por desgracia, no a mi ex. Les he copiado y enviado, además, el link a la noticia del accidente: Tragedia en San Blas. Mira, este chico era mi vecino.

En su instagram he visto una publicación de hace dos semanas. Hace solo dos semanas. Fotos con su novia en las Canarias. Hace solo dos semanas. 


Jerbicidio imprudente


En el año en que Jesucristo cumplió 2011 años yo tenía 9. En mayo maté por accidente a uno de los jerbos que tenía como mascota. Lo soltaba y lo dejaba pasearse por mi habitación, entre mis pies. Perderlo un instante y dar un paso atrás, notar algo peludo. Apartar el pie rápidamente. Ver que le daban un par de espasmos, boquear un poco y ya nada más. Ni sangre siquiera. Mi madre lo vio y lloró y lloró y chilló y yo corrí a llamar al veterinario porque no sabía qué más hacer. Mi madre me hizo colgar y siguió chillando. Y no sé en qué momento exacto empecé a llorar también porque entendí que la muerte no es algo que se pueda reparar. Entre lloros y chillidos oímos llamar al timbre. Eran los niños de la urbanización, que querían que bajase.

 – No puedo bajar a jugar porque he matado a Tranqui.

– Ah. 

Y fuimos a enterrar a Tranqui al parque. Mi madre cargando con la caja de zapatos donde guardamos su cuerpo y yo cargando con la culpa inmensa de haberle quitado la vida a un ser pequeñito. 

No sabía quiénes habían extendido el rumor. No recordaba quién fue el primero, pero desde entonces hubo niños que a mi paso por el colegio y después el instituto me decían “Mataste a tu jerbo”. Y yo me moría de pena y de vergüenza. Porque con mi pierna gorda e inmensa había aplastado a mi jerbo y todos lo sabían. Porque daba igual que sacara un 10 en lengua o que leyese un relato en el auditorio por el día del libro. Siempre había alguien que tenía la feliz idea de recordarme lo que me definía a ojos de medio San Blas independientemente de lo que hiciera: Mataste a tu jerbo. En bachillerato llegó al instituto S C, que hoy es delantero del Atleti, y un día me dijo “Mataste a tu jerbo”. Cuando acabé el instituto, Laura me dijo que una amiga suya de un barrio distinto a la que yo no conocía de nada le había dicho: Ah, pero si tú te llevas con la de San Blas que mató a su jerbo.

A veces pienso en que si me hiciera actriz toda esta gente me vería en la pantalla del cine y sería aún capaz de señalarla y decir: “Almudena mató a su jerbo”. Toda esa gente, menos Javi Fernández.

 

La risa de Javi Fernández


En mi revisión del instagram de Javi Fernández he visto una foto donde aparece él sonriente al lado de S C, delantero del Atleti. Me he acordado de que eran amigos. S C, delantero del Atleti, no me conocía en 2011, cuando aplasté con el pie a mi jerbo, y sin embargo lo sabía en 2014, cuando me lo recordó delante de todo el instituto en el día del libro. Javi Fernández fue uno de los primeros en enterarse de la muerte de Tranqui, y uno de los primeros en señalarme públicamente como culpable del crimen. He caído en la cuenta de que tuvo que ser él quien extendió el rumor por todo el barrio. Por Javi Fernández una chica en Moratalaz sabía que Almudena Lozano de San Blas mató a su jerbo. Me pregunto si por Javi Fernández todo el Atlético de Madrid football club en algún momento supo que Almudena Lozano mató a su jerbo. Me pregunto cuántas veces Javi Fernández se habrá reído a carcajadas con sus amigos, con jugadores de fútbol afines y con su novia al recrear en sus mentes la imagen de un jerbo explotando bajo el pie de una niña con algo de sobrepeso que está a punto de descubrir lo que es la muerte. Y me pregunto ahora cuánto, cuantísimo echarán de menos esa risa todos ellos. 


El texto pide un último fragmento donde reflexione acerca de la fugacidad de nuestras vidas o del incierto yugo de la fatalidad que se deja caer sobre los seres frágiles. Pero no creo que haya que decir tantas cosas. La muerte se manifiesta como una risa que ya no oímos. Un jerbo es un roedor pequeño de la familia de los muridae. La muerte es un vacío espantoso.















Comentarios

  1. "La muerte se manifiesta como una risa que ya no oímos"; me da igual qué es un jerbo, lo que quiero saber es quien te bendijo con esa capacidad de escritura, Dena

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares